En el proceso de desarrollo de nuestro self (identidad) en cualquiera de las etapas vitales, el niño buscará siempre la mirada de los padres, puesto que desde el momento de la concepción serán los que le guiarán en su desarrollo evolutivo y formarán parte de la construcción de su personalidad. La construcción de la personalidad se hace posible con la intervención de múltiples elementos: la familia nuclear, la familia extensa, la escuela, el ambiente y la influencia generacional y social.

Como padres, nuestra misión en la vida es dejar a nuestros hijos un mundo un poquito mejor donde puedan crecer e ir logrando sus objetivos. Pero más allá de nuestros deseos conscientes, desde el momento de la concepción, depositamos nuestros deseos inconscientes en nuestros hijos. Es lo que en Descodificación Biológica Original denominamos Proyecto y Sentido: es la misión de vida y los deseos inconscientes que depositamos en nuestros hijos.

Todo lo que ocurría alrededor de nuestros padres en el momento de la concepción da el sentido de nuestra vida: Cómo estaban nuestros padres como pareja, como estaban económicamente, como estaban con sus familias y todo lo que vivían marcó el momento en el que el bebé fue concebido. En ese preciso momento se define la misión de vida del niño: viene a cubrir las necesidades que han quedado descubiertas en el sistema familiar.

El niño no discrimina entre buen padre o mal padre, porque para él son lo mejor que puede tener y es el lugar donde ha escogido crecer. Pero en cambio, muchos padres y madres se preguntan constantemente si serán buenos o malos, si lo estarán haciendo bien o si se estarán equivocando. Todos los miedos que conlleva la paternidad y maternidad se reflejan en las decisiones y vivencias del día a día, y concretamente se refleja muchas veces en la necesidad de compensar por no haber podido estar.

Uno de los casos familiares más habituales que nos encontramos en terapia son padres que consultan por problemas de sus hijos que no saben controlar o gestionar. En DBO siempre decimos que, hasta los 2 años y medio de los hijos, los que han de realizar el trabajo terapéutico son los padres. Es a partir de los 3 años y hasta los 7 que se recomienda que el trabajo sea conjunto, porque, a pesar de que las vivencias emocionales son individuales, muchas veces se descubren patrones comunes en la relación padres e hijos que estructuran maneras de hacer y de vivir en el sistema.

El sistema familiar no sólo se ve afectado por todo aquello que ocurre en la etapa biográfica de cada individuo que forma parte, sino que también trae las memorias y cargas familiares, todo aquello que ha quedado sin resolver en nuestra historia familiar y aquello que hemos incorporado como manera de vivir.

¿Cómo gestionar las emociones de nuestros hijos?

Las rabietas, los gritos y la sobreexcitación de los niños son el mecanismo que tienen para poder canalizar todas aquellas sensaciones corporales y emociones que no saben canalizar y expresar de forma adulta. Pero realmente deberíamos aprender algo de ellos como adultos, los niños expresan sin problemas sus emociones, y a pesar de que no saben ponerles palabras en muchos casos, saben distinguir perfectamente que parte de su cuerpo se ha visto dolida ante la situación vivida. La manera que hemos aprendido a educar está basada en la inexpresión de la emoción y en la búsqueda de lo racional para resolver los conflictos y los enfados.

Desde la DBO recomendamos que en el proceso de educación sobre cómo gestionar las emociones ayudemos a los hijos a identificar todo aquello que siente en su cuerpo y a ponerle palabras a las emociones. El niño tiene la capacidad de identificar con mucha facilidad lo que siente si le acompañamos en el proceso, en cambio, si sólo razonamos con ellos sin dejarles sentir y vivir lo que están sintiendo, rompemos el proceso natural de descarga de nuestro cuerpo y lo llevamos a lo mental, reforzando la idea de que las emociones son racionales.

NO ES UNA TAREA FÁCIL, PERO AL PERMITIR TENER UN ESPACIO DE EXPRESIÓN DE NUESTRAS EMOCIONES Y SENSACIONES NOS LIBERA Y NOS ESTRUCTURA EN UNA MANERA DE VIVIR MÁS SANA Y EQUILIBRADA.

Depositamos en nuestros hijos la falsa creencia de que cuando contactamos con nuestras emociones se activa el dolor, pero lo que en realidad nos ocurre es que son nuestros propios miedos que se activan al contactar con el dolor de nuestras vivencias sin resolver. Pero sólo atravesando el dolor podremos liberarnos, sino, estaremos criando futuros adultos que no sabrán gestionar sus propias emociones (problemas de relación, problemas de pareja, bloqueos emocionales, fobias, etc.)

niñosAl enseñar al niño a contactar con lo que siente y lo que le está ocurriendo le permitirá generar recursos propios y heredados con los que resolver las situaciones que afronta en su día a día y recuperar en cada instante el contacto con uno mismo.

Los bebés y los niños tienen una altísima sensibilidad y percepción, son los grandes radares de lo que ocurre en la vida de los adultos y buscarán la manera de evacuar el estrés de lo que ocurre en la familia. Todo lo que le ocurre al niño no habla sólo de su propia individualidad, sino que expresa lo que en su sistema familiar está ocurriendo: peleas entre los padres, problemas económicos, padres o madres ausentes, padres o madres absorbentes, miedos y fobias, separaciones, dolor…

Los límites en la educación

Hoy en día, es difícil no ver a niños que no estén en contacto con la tecnología desde su primera infancia. Muchos de ellos usan la pinza con los celulares o tablets mucho antes de aprender a hablar o caminar. El acceso a las TIC’s facilita la comprensión de conocimientos y es un gran aliado en las escuelas para motivar el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Lo que debemos tener en cuenta en nuestra función como padres es que para los niños no hay diferencia entre lo que es el juego y la vida real. Muchas veces, confunden lo que es real y lo que realmente está pasando, por ello, es recomendable que aprendan a discriminar todo aquello que ocurre en su imaginación. La gran riqueza de los niños es su imaginación y podemos potenciarla a través del juego lúdico y la creatividad, recordando que todo forma parte de un juego.

Recomendaciones desde la DBO: “Mi hijo se despierta varias noches seguidas con pesadillas”

  • Dejar que nuestro hijo exprese lo que está viviendo
  • Distinguir si lo que nos cuenta tiene que ver con algo que le ha ocurrido o forma parte de su imaginación y acompañarlo a través de las palabras.
  • Preguntarle cómo se siente y dejar que reconozca el dolor y el miedo en su cuerpo hasta que poco a poco disminuya.
  • Realizar una relajación a través de la respiración.
  • Al día siguiente hablar de lo ocurrido buscando recursos propios para afrontar las situaciones de dolor y miedo.

Muchos de los miedos que sienten y expresan los hijos están relacionados con el miedo a la separación. Si nos situamos en la época de las cavernas, los seres humanos cuando nacían dependía hasta aproximadamente los 13 años (edad de autonomía) de la seguridad y protección de los padres.

Nuestra biología responde ante el cerebro arcaico (endodermo, mesodermo antiguo) y el cerebro nuevo (mesodermo nuevo y ectodermo), por ello, hoy en día seguimos sin poder distinguir si estamos ante una situación de supervivencia o no. Cuando los hijos sienten la separación o el miedo a perder a los padres, su cerebro arcaico les habla de sobrevivir, porque en nuestra estructura tenemos incorporado que sin los padres no hay supervivencia posible.

La presencia es formar parte tanto de la educación de los hijos como participar de lo que viven en su día a día. Cuando los hijos dicen:

¡MÍRAME PAPÁ, MÍRAME MAMÁ! NOS HABLAN DE LOS DESEOS DE QUE “PAPÁ Y MAMÁ ME VEAN, ME RECONOZCAN EN SU CLAN FAMILIAR Y ME PROTEJAN”.