Todos, de una forma u otra, deseamos que en nuestra vida se produzcan pequeños momentos de magia que hagan nuestro existencia un poquito más agradable, que nos permitan sentir que de verdad estamos vivos y no solamente sobreviviendo.

Tendemos a posponer estos momentos para nuestras vacaciones porque no confiamos que tengan cabida en nuestro monótono y estructurado día a día.

Pero justo ahí, en el día a día, podemos generar micromomentos de magia, micromomentos de vida…

  • ¿Cuántas veces eliges un camino alternativo para llegar al trabajo?
  • ¿Cuánto hace que no cambias de marca de perfume?
  • ¿Cuánto hace que no te apuntas a un cursillo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que te atreviste a probar un sabor diferente? ¿Y qué te vestiste con una ropa poca habitual en ti?…

Sin darnos cuenta parece como si al hacernos adultos fuéramos perdiendo el interés por probar cosas nuevas.

Sin darnos cuenta nuestros días son muy similares entre sí, tenemos hábitos, rutinas y nos parece de lo más normal.

A veces nos decimos a nosotros mismos que eso es lo que hemos elegido con nuestro libre albedrío y otras, que así son las circunstancias y que por su culpa no podemos hacer otra cosa que lo mismo cada día ( no tengo dinero, no tengo tiempo, es que los niños, es que mi pareja…)

La realidad es que poco a poco nos vamos habituando a nuestra zona de confort,que aunque tenga un nombre bonito, no es más que la zona del miedo al cambio, la zona del ” Virgencita, virgencita que me quede como estoy”, aunque no estés bien.

También podríamos llamarla la zona del ” más vale malo conocido que bueno por conocer”

Es tal el miedo a salir de ella, que he visto a personas aniquilar a su alma, a su conciencia, a sus deseos por no atravesar esa puerta, la puerta del Y SI…

Es una puerta de la que cuelgan dos manifiestos, uno a cada lado de la misma. Desde nuestra zona de confort podemos leer lo siguiente:

  • Y si me equivoco y lo de afuera es peor que lo de adentro
  • Y si no puedo volver
  • Y si soy devorado
  • Y si lastimo a las personas que están aquí conmigo
  • Y si lo que logro ver por la mirilla es sólo un espejismo
  • Y si me consideran un loco
  • Y si fracaso
  • Y si pierdo mi reputación
  • Y si me quedo sin dinero
  • Y si parezco un novato
  • Y si pierdo mi identidad
  • Y si…..

Y claro…. mejor nos quedamos donde estamos que nuestro esfuerzo nos ha costado llegar hasta aquí…

Los hay curiosos que se atreven a entreabrir la portezuela y entonces encuentran el otro manifiesto, que dice así.

  • Y si cosas maravillosas te están esperando afuera
  • Y si eliges quedarte o volver después de haber conocido ambas
  • Y si en lugar de felinos de fauces voraces encuentras gatitos que te ronronean a su paso
  • Y si descubro que quien me ama tiene que desear mi crecimiento
  • Y si triunfo
  • Y si me gano el respeto desde el propio respeto hacia mi mismo
  • Y si descubro un tesoro
  • Y si aprendo nuevas habilidades
  • Y si me descubro
  • Y si….

Los Y sis….Y sis son….

Nadie puede garantizarte lo que va a suceder cuando abandones tu zona de confort, sólo que habrá cambios, que deberás enfrentarte a tomar decisiones sin que sean ejecutadas por el piloto automático, que es quien suele dominar nuestras elecciones en nuestra zona de confort, sólo que sin duda tendrás experiencias nuevas, aprendizajes nuevos, que te vaya bien o no crecerás, evolucionarás…

Salir de nuestra zona de confort no implica necesariamente no volver a lo conocido, implica ampliarla, implica borrar las fronteras que con los años vamos haciendo más impermeables.

Una de las características de nuestra zona de confort es que con los años se va reduciendo, estamos acostumbrados a oír que con los años nos vamos haciendo más “tiquismiquis” con hábitos y manías más limitantes…

Lo que ocurre es que vamos perdiendo la habilidad de adaptarnos y disfrutar de la novedad, como un músculo que pierde flexibilidad, nuestros miedos aumentan, nuestra pereza, nuestras excusas…

Y con todo ello perdemos la oportunidad de sentir la magia, es cómo ver continuamente la misma película aunque sea tu película favorita, con el aumento de visionados va perdiendo la magia, la emoción…

Si quieres volver a sentir la magia debes salir aunque sea un ratito de tu zona de confort, y nunca es tarde para ello.

Para comprobarlo sólo tienes que mirar a nuestros mayores, mira los rostros de los que nunca hacen nada diferente, mira cómo van apagándose, apenas queda brillo en sus ojos, cansados van descontando días…

Ahora acude a lugares donde realizan talleres para mayores, donde vuelven a ser aprendices, donde conocen personas nuevas, donde tienen que reordenar sus rutinas…. y verás sus miradas emocionadas, vivas…

Nunca es tarde para salir de la zona de confort y siempre puedes volver a ella con nuevas herramientas, impidiendo que esta se achique, no permitiendo que se cierre esa puerta…

VIDEO – QUÉ ES LA ZONA DE CONFORT